En toda guerra hay enemigos visibles —ejércitos alineados frente a frente— y enemigos invisibles que operan en la sombra, difíciles de identificar hasta que es demasiado tarde. La tesorería no es distinta. Muchas empresas no caen por un gran golpe, sino por la erosión constante de amenazas silenciosas que minan la liquidez y debilitan la capacidad de maniobra.
Identificarlos y entender sus efectos es imprescindible para elegir bien las armas, evitar errores y diseñar una estrategia sólida.
- La incertidumbre de los flujos de caja
El terreno más hostil es aquel que no se conoce. En tesorería, esa niebla de guerra se llama incertidumbre de flujos de caja. No saber con claridad qué va a entrar ni qué va a salir convierte cualquier decisión en un disparo a ciegas.
Consecuencias:
- Dificultad para anticipar picos de tesorería.
- Riesgo de exceso de financiación con costes innecesarios.
- Decisiones reactivas que desorganizan todo el frente financiero.
Armas mal empleadas:
- Descuento de facturas “por si acaso”, que genera un coste estructural sin verdadera necesidad.
- Uso indiscriminado de pólizas de crédito, consumiendo capacidad que debería reservarse para contingencias reales.
Armas sugeridas:
Instrumentos que aporten visibilidad y previsión, para reconocer el terreno antes de avanzar: forecasting riguroso, conciliación automatizada, herramientas de reporting avanzado.
- Los impagos y retrasos de clientes
El enemigo más clásico: la operación parecía ganada, pero al final los refuerzos no llegan. El cliente no paga, o paga tarde, y la tesorería se encuentra aislada en el campo de batalla.
Consecuencias:
- Estrés inmediato en la liquidez.
- Coste financiero adicional al tener que buscar financiación de urgencia.
- Pérdida de rentabilidad y, en algunos casos, deterioro de relaciones con proveedores.
Armas mal empleadas:
- Confianza excesiva en cheques o pagarés, que se convierten en papel mojado si no se atienden.
- Domiciliaciones sin mandatos claros ni gestión de devoluciones, que multiplican el riesgo operativo.
- Créditos documentarios mal negociados, con cláusulas débiles que permiten retrasar el pago.
Armas sugeridas:
La mejor defensa es el blindaje contractual y bancario: mecanismos que reduzcan el riesgo de crédito y transfieran parte del mismo a terceros (instrumentos garantizados, domiciliaciones sólidas, esquemas de cobertura).
- La falta puntual de liquidez
No siempre la derrota llega por perder la guerra completa; a veces basta con que un batallón quede sin suministros. En tesorería, un simple desfase entre cobros y pagos puede provocar el colapso operativo.
Consecuencias:
- Incapacidad de pagar nóminas, impuestos o proveedores clave.
- Deterioro inmediato de la reputación financiera de la empresa.
- Dependencia de soluciones improvisadas, generalmente más caras.
Armas mal empleadas:
- Préstamos de emergencia firmados en condiciones desfavorables.
- Confirming usado de forma reactiva y masiva, con un coste desproporcionado.
- Venta precipitada de activos financieros, perdiendo valor por necesidad urgente.
Armas sugeridas:
Aquí lo esencial es contar con reservas estratégicas de liquidez: líneas de financiación pre-acordadas, pólizas bien dimensionadas, planes alternativos listos para activarse cuando haga falta.
- Los costes financieros excesivos
Hay guerras que no se pierden en una batalla, sino en un asedio prolongado. Los costes financieros excesivos son ese enemigo que desgasta poco a poco, hasta agotar los recursos.
Consecuencias:
- Reducción sostenida de los márgenes.
- Pérdida de competitividad frente a empresas mejor financiadas.
- Inercia: quedarse atrapado en instrumentos caros por falta de revisión.
Armas mal empleadas:
- Descuento comercial usado como rutina, en lugar de excepción.
- Multiplicar líneas de crédito con varios bancos, pagando disponibilidad que no se utiliza.
- Derivados sobredimensionados, que acaban costando más de lo que cubren.
Armas sugeridas:
La clave es la optimización del arsenal: seleccionar instrumentos más eficientes, renegociar condiciones y revisar periódicamente la estrategia de financiación.
- La volatilidad de divisas e intereses
El clima de la guerra no lo controla nadie, pero condiciona cada movimiento. En tesorería, ese clima se llama volatilidad: de divisas, de tipos de interés, de mercados.
Consecuencias:
- Márgenes erosionados por movimientos adversos.
- Incertidumbre en presupuestos y previsiones.
- Dificultad para valorar operaciones internacionales a medio plazo.
Armas mal empleadas:
- Coberturas parciales o mal sincronizadas, que dejan expuesta parte de la operación.
- Derivados complejos que el tesorero no domina, con efectos contrarios a los previstos.
- Concentración de operaciones en una sola divisa sin alternativa planificada.
Armas sugeridas:
Aquí se necesita blindaje adaptado al terreno: coberturas proporcionales, simples y alineadas con la exposición real de la empresa.
- Los procesos manuales y descoordinados
El peor enemigo no siempre está fuera, a veces está dentro. Tropas dispersas, información incompleta, órdenes contradictorias: así es una tesorería que trabaja con procesos manuales y sistemas inconexos.
Consecuencias:
- Riesgo elevado de error humano en pagos y cobros.
- Retrasos en la información crítica para la dirección.
- Ineficiencia que multiplica esfuerzos y costes.
Armas mal empleadas:
- Hojas de cálculo como único “sistema de gestión”, que se rompen en cuanto el volumen crece.
- Procesos manuales en remesas y conciliaciones, con errores que generan devoluciones y mala imagen.
- Sistemas desconectados entre tesorería, ERP y bancos, como regimientos que no hablan entre sí.
Armas sugeridas:
Este enemigo solo se vence con un mando centralizado: una plataforma que actúe como cuartel general, integrando información y automatizando procesos.
En el campo de batalla financiero, el verdadero desafío no es solo disponer de armas, sino saber contra qué enemigo se lucha, cómo combinarlas y cuándo emplearlas. Esa es la diferencia entre un ejército que improvisa y uno que avanza con disciplina. En Azurriga entendemos la tesorería como ese frente donde cada movimiento cuenta: identificar las amenazas invisibles, elegir las armas con criterio y asegurar que todas las piezas se mueven bajo un mismo plan.
Ahí es donde herramientas como Sage XRT Advanced se convierten en el cuartel general imprescindible, permitiendo que la tesorería no solo resista emboscadas o asedios, sino que tome la iniciativa, marque el ritmo y lidere la campaña financiera de la compañía. Porque en la trinchera, la diferencia entre sobrevivir y ganar está en la preparación.
Artículo escrito por Mario Durán Tovar (Director Consultoría de Azurriga)