Si recordáis, en nuestra primera y anterior entrega de esta serie respondíamos a una pregunta esencial: ¿Tu tesorería trabaja con datos bancarios o sigue persiguiéndolos?
Para que la información bancaria aporte verdadero valor a la tesorería, debe llegar correctamente estructurada, integrada y preparada para alimentar procesos como la conciliación, la posición de caja, el reporting o la contabilización.
En esta segunda entrega damos un paso más y nos detenemos en algunos de los formatos que aparecen con más frecuencia en los proyectos de tesorería: AEB43, MT940 y, cada vez con más protagonismo, los formatos CAMT bajo el estándar ISO 20022.
Puede que, a primera vista, parezcan simplemente formatos técnicos. Pero en la práctica son mucho más que eso. Son el lenguaje a través del cual el banco comunica a la empresa lo que ha ocurrido en sus cuentas. Y cuando ese lenguaje se interpreta correctamente dentro de un TMS, el extracto deja de ser un fichero bancario para convertirse en información útil para decidir.
¿Qué aporta un formato bancario?
Un formato bancario ordena la información de una cuenta: saldos, movimientos, fechas, importes, conceptos, referencias, códigos de operación y datos complementarios. Es decir, transforma la actividad bancaria en una estructura que puede ser leída, interpretada y tratada por un sistema.
Aquí es donde entra en juego el valor funcional.
No se trata solo de que el fichero “entre” en la herramienta. Se trata de que cada dato llegue al campo correcto, con la lógica adecuada y con la calidad suficiente para que pueda utilizarse después en los procesos de tesorería.
Si una referencia bancaria no se interpreta bien, la conciliación automática puede fallar. Si un código de operación no se traduce correctamente, el movimiento puede clasificarse de forma errónea. Si el saldo inicial o final no se integra adecuadamente, la posición de caja puede mostrar una visión incorrecta. Y si el movimiento no queda bien identificado, su posterior contabilización será más compleja.
Por eso, en tesorería, el formato importa. Y mucho.
AEB43: un estándar muy presente en la operativa española
El formato AEB43 es uno de los estándares más conocidos en España para la recepción de extractos bancarios. Durante años ha sido una pieza habitual en la comunicación entre bancos y empresas, especialmente en entornos donde la operativa bancaria nacional tiene un peso relevante.
Su utilidad está en que permite estructurar los movimientos de cuenta de forma ordenada, incluyendo información clave para la gestión diaria: fecha de operación, fecha valor, importe, concepto, referencia y códigos asociados al tipo de movimiento.
Desde una perspectiva funcional, el AEB43 ayuda a que el equipo financiero pueda automatizar tareas que, de otra forma, requerirían revisión manual: identificar cobros, clasificar pagos, detectar comisiones, diferenciar traspasos internos o alimentar reglas de conciliación.
Ahora bien, trabajar con AEB43 no significa que todo quede resuelto automáticamente. Cada banco puede aportar la información con matices, descripciones distintas o niveles de detalle diferentes. Por eso es fundamental analizar cómo llega realmente el extracto, qué información contiene y cómo debe interpretarse dentro del sistema.
MT940: una referencia internacional que empieza a evolucionar
El MT940 ha sido durante años una referencia internacional para la recepción de extractos de cuenta. Resulta especialmente habitual en compañías con operativa multibanco, presencia internacional o estructuras de tesorería más complejas.
Su principal valor ha sido facilitar una comunicación bancaria estructurada y reconocida por bancos, ERP y TMS. Gracias a formatos como MT940, muchas empresas han podido centralizar movimientos de cuenta, automatizar conciliaciones y construir una visión más ordenada de su posición bancaria.
Sin embargo, el ecosistema financiero está evolucionando hacia estándares más ricos, estructurados y preparados para la automatización. Y aquí aparece un concepto que las áreas financieras deben empezar a tener muy presente: CAMT.
CAMT e ISO 20022: el nuevo lenguaje del reporting bancario
Los formatos CAMT forman parte del estándar ISO 20022, el nuevo marco global de mensajería financiera que está transformando la forma en que bancos, empresas y sistemas intercambian información.
En el ámbito de extractos y reporting bancario, los mensajes CAMT se están consolidando como la evolución natural de los formatos MT tradicionales. De forma simplificada:
- camt.052 se utiliza habitualmente para información intradía o movimientos pendientes.
- camt.053 se utiliza para extractos bancarios de fin de día y se considera el sucesor natural del MT940.
- camt.054 se utiliza para notificaciones de abono, adeudo u otra información relacionada con movimientos concretos.
La diferencia no es solo técnica. CAMT trabaja en XML y permite incorporar información mucho más estructurada y detallada: datos de ordenante y beneficiario, referencias, códigos de propósito, información de remesa, desglose de cargos y otros elementos que facilitan el tratamiento automático.
Para el equipo de tesorería, esto tiene una consecuencia directa: mejor dato de entrada, mejores procesos posteriores.
Qué cambia para una empresa
La llegada de CAMT no debe verse únicamente como una sustitución de formato. Es una oportunidad para revisar cómo se está utilizando la información bancaria dentro de la organización.
Si el TMS recibe un extracto más rico, pero las reglas de clasificación no están preparadas, el potencial se pierde. Si el ERP no interpreta correctamente los nuevos campos, pueden aparecer incidencias. Si no se revisan los mapeos, los códigos bancarios o las referencias, la migración puede convertirse en un simple cambio técnico sin impacto real en la gestión.
Por eso, la transición hacia CAMT debe abordarse como un proyecto funcional de datos y procesos.
Conviene revisar qué bancos ofrecen ya estos formatos, qué versiones utilizan, qué información incluyen, qué campos son relevantes para la empresa y cómo se van a traducir dentro del TMS. También es necesario validar el impacto sobre conciliación, cash position, reporting, contabilidad y circuitos de control.
Pero, de nuevo, la clave está en la interpretación. No basta con recibir un formato u otro. Hay que validar identificadores, analizar etiquetas, revisar referencias, comprobar códigos bancarios y asegurar que los datos se transforman correctamente en información útil para la empresa.
El formato como punto de partida, no como objetivo final
Uno de los errores más habituales en los proyectos de tesorería es pensar que la integración bancaria termina cuando el fichero se recibe correctamente. En realidad, ahí empieza el trabajo más importante.
El formato es el punto de partida. A partir de él hay que definir reglas de interpretación, equivalencias de códigos, criterios de clasificación, controles de duplicidad y circuitos de revisión para los movimientos que no puedan tratarse automáticamente.
Por ejemplo, una transferencia puede corresponder a un cobro de cliente, un traspaso interno, una devolución o una operación intercompany. Si el sistema no cuenta con reglas bien diseñadas, todos esos movimientos pueden acabar agrupados de forma genérica, perdiendo valor para el análisis.
Aquí es donde la consultoría funcional aporta una capa imprescindible: entender la operativa real de la empresa y traducirla en una configuración coherente dentro del TMS.
De fichero bancario a dato de gestión
Cuando AEB43, MT940, CAMT u otros formatos se integran correctamente, el impacto se percibe en toda la cadena financiera.
La conciliación gana eficiencia porque las reglas trabajan sobre datos consistentes. La posición de caja gana fiabilidad porque los saldos y movimientos están correctamente integrados. El reporting mejora porque los movimientos pueden clasificarse con criterios homogéneos. Y la contabilización se simplifica porque la información llega mejor preparada para alimentar los procesos posteriores.
El resultado no es solo menos trabajo manual. Es más control.
Un buen diseño funcional permite que el equipo financiero deje de dedicar tiempo a interpretar ficheros y empiece a trabajar con información estructurada, trazable y accionable.
El papel de Azurriga
En Azurriga entendemos que la comunicación bancaria no es únicamente una cuestión técnica. Es una pieza clave dentro del modelo operativo de tesorería.
Por eso, cuando acompañamos a una empresa en la implantación o evolución de su TMS, analizamos no solo qué formatos se reciben, sino cómo se reciben, qué información aportan, cómo se transforman y qué procesos deben alimentar.
AEB43 y MT940 siguen siendo formatos que todo equipo de tesorería debería conocer. Pero también es importante empezar a prepararse para el avance de CAMT e ISO 20022, porque el futuro del reporting bancario pasa por datos más estructurados, más ricos y mejor conectados con los procesos financieros.
Lo verdaderamente importante no es memorizar la estructura de cada formato. Lo importante es comprender qué papel juegan dentro de una tesorería conectada.
Porque cuando el dato bancario se interpreta bien, la empresa gana algo mucho más valioso que automatización: gana visibilidad, control y capacidad para decidir mejor.
Os animamos a no perderos nuestra próxima entrega el próximo 13 de julio, en ella hablaremos de “Del extracto a la conciliación automática: revisar solo lo que realmente no cuadra”.
Artículo escrito por Patricia Luque (Consultor Funcional TMS de Azurriga)